Hoy les cuento sobre un pacientito que vino al consultorio.
La semana pasada, en el consultorio, ocurrió una de esas situaciones que me recuerdan por qué me gusta tanto mi trabajo.
Llegó un niño de 5 años con quien venimos trabajando diferentes habilidades relacionadas con el juego, la motricidad fina y las actividades escolares. Ese día había preparado una propuesta sencilla: papeles de colores, algunas líneas de diferentes grosores dibujadas sobre cartulina. También uso contac de color para aumentar el registro táctil y una tijera acorde a sus habilidades y tamaño de su mano.
Cuando vio la actividad, me miró y dijo:
—»No puedo.»
Ni siquiera había intentado cortar.
La mamá me contó que en casa evitaba las actividades de recorte y que en el jardín también prefería que alguien lo ayudara. Muchas veces, cuando un niño dice «no puedo», en realidad nos está diciendo algo mucho más profundo: «esto me cuesta», «me canso», «me frustro» o «no me siento seguro haciéndolo».
Comenzamos de a poco. Primero observamos cómo sostenía la tijera. Luego probamos abrir y cerrar sin cortar nada. Después avanzamos con tiras de papel anchas y fáciles de manipular.
Lo que para un adulto parece una tarea simple, para muchos niños implica coordinar una enorme cantidad de habilidades al mismo tiempo.
Mientras una mano abre y cierra la tijera, la otra debe sostener y mover el papel. Los ojos tienen que seguir la línea. El cerebro debe anticipar hacia dónde irá el corte. Además, es necesario regular la fuerza, mantener la atención y controlar la postura.
Todo eso sucede en apenas unos segundos.
Por eso, cuando un niño tiene dificultades con la tijera, rara vez el problema es únicamente la tijera.
A veces encontramos debilidad en las manos. Otras veces dificultades en la coordinación bilateral (usar ambas manos juntas de manera organizada). En algunos niños observamos problemas de planificación motora: saben lo que quieren hacer, pero les cuesta organizar los movimientos para lograrlo. También puede haber dificultades visuales, atencionales o de organización corporal.
Por eso, en terapia ocupacional, la tijera es una herramienta de evaluación maravillosa.
Nos permite observar mucho más que un recorte.
Nos muestra cómo el niño resuelve problemas, cómo enfrenta los desafíos, cuánto tolera equivocarse, qué estrategias utiliza cuando algo no sale y cuánto apoyo necesita para alcanzar un objetivo.
Volviendo a mi paciente, después de varios intentos logró completar cortar una tira de papel.
No fue un corte perfecto.
No siguió exactamente la línea.
No quedó prolijo.
Pero ocurrió algo mucho más importante.
Sonrió.
Y dijo:
—»Mirá, sí pude.»
Y ahí estaba el verdadero logro.
Porque en terapia ocupacional no buscamos solamente que el niño recorte mejor. Buscamos que gane confianza, que descubra sus capacidades y que se anime a intentar aquello que antes evitaba.
Muchas veces las familias me preguntan qué actividades pueden hacer en casa para fortalecer estas habilidades.
No hace falta comprar materiales costosos. Algunas ideas simples son:
✂️ Cortar tiras de papel de colores.
✂️ Recortar revistas viejas.
✂️ Hacer flecos para una manualidad.
✂️ Cortar masa o plastilina con tijeras adaptadas.
✂️ Seguir caminos rectos, curvos o en zigzag.
✂️ Crear collages con diferentes papeles.
Lo importante no es que el resultado sea perfecto.
Lo importante es ofrecer oportunidades para practicar, explorar y aprender.
La próxima vez que veas a un niño recortando, recordá que detrás de cada pequeño corte están trabajando la coordinación, la atención, la fuerza, la planificación y la confianza en sí mismo.
Y a veces, detrás de una simple tijera, encontramos grandes avances.
Lic. María Evangelina Mauriño
Terapista Ocupacional
TOevaTips
«Porque las habilidades más importantes muchas veces comienzan con los desafíos más pequeños.» ✨✂️









